viernes, 30 de marzo de 2012


New Shores - Lunatica

Sentimientos estrenados han nacido en nuestra mente
Creciendo y tomando forma clara
¿Alcanzarás nuestras manos y creerás...
que por fin estamos alcanzando nuevos horizontes?

Enjaulado... Despierta...

Así que ven con nosotros a un viaje por la irracionalidad
Los sueños y la historia, la aventura de tu vida
Permitete avanzar, haz una parada en un mundo de melodías
Donde la esperanza lo significa todo...

Todo el mundo puede vivir sus propios sueños
Es símplemente una cuestión de voluntad.
Da un paso adelante, no mires hacia atrás.
Deja que el viento sea nuestra guia eterna...

Así que ven con nosotros a un viaje por la irracionalidad
Los sueños y la historia, la aventura de tu vida
Permitete avanzar, haz una parada en un mundo de melodías
Donde la esperanza lo significa todo...

Sigue a tu corazón, alza tu voz
La música te puede abrir una puerta...
Pues es la forma más antigua de expresar nuestras emociones...

Súbete a estos nuevos horizontes... Por fin, Iremos hacia adelante.

martes, 13 de marzo de 2012

El verdadero sentido.



¿Qué es lo que pasa cuando un ser humano deja de tener fe en sí mismo y en los demás? ¿Qué pasa cuando alguien que creía en el amor por encima de todo, descubre que ha dejado de amar? ¿Cómo puede esa persona salir adelante, mirarse al espejo, o sentirse orgulloso de ser humano?
Más importante, ¿cómo puede decirle a alguien, prometerle a alguien, que estará siempre ahí para él, que nunca le fallará? ¿Cómo, si ese ideal se ha roto y la persona ha perdido completamente su camino?
La respuesta que cualquier persona daría, sería que sencillamente ese ser humano nunca ha amado, porque cuando experimentas con tanta intensidad algo así, nunca se te olvida, te transforma por dentro. Nunca quieres dejar de sentir eso, y te esfuerzas constantemente en crecer y alimentar ese sentimiento. Tienes un motivo para creer, tienes un motivo para crecer y desear construir un futuro mejor. Pero, entonces, ¿no es posible dejar de amar con esa intensidad? ¿Es mentira si dejas de hacerlo? ¿De verdad?
¿Y si el aprendizaje se ha producido, pero has percibido una amenaza tan grande que todos los mecanismos de defensa de tu cuerpo han saltado? Planteaos lo siguiente, ¿cómo podría haber conseguido esa persona amar con esa intensidad, siendo tan joven, desde un principio? Es fácil amar cuando a lo que amas no le ves algún tipo de amenaza. El amor empieza a desvanecerse en el momento en el que vemos amenazante el objeto de amor. Es por esa razón realmente que para retener una conexión, solemos tratar de negar los defectos que posee. O intentamos no verle defectos. Pero eso nunca funciona, al final, trascenderemos a eso y acabará por desmoronarse esa pobre estrategia.
Ese joven, sabía que el amor muere cuando los mecanismos de defensa de nuestro cuerpo saltan. Le tenía miedo a esos mecanismos, porque sabía, intuía, que esa armonía acabaría destruida si el esfuerzo que hacía en gozar contemplativamente de la belleza que el universo posée se redirigía a protegerse de los peligros que amenazaban su vida, su existencia.  Y sin embargo, habiendo experimentado el gozo del amor en toda su magnitud, habiendo tenido unas bases y unos referentes dignos de orgullo, grandísimas personas, de buen corazón, y habiendo llegado a contemplar su propio elemento con ternura. Habiendo permitido que ese amor que da la propia energía de la vida se expandiera desde lo más profundo de su pecho, sabía que todo ese torrente de energía no podía ser una ilusión.
Y sin embargo desapareció completamente sustituido por un pánico ante verse desprovisto de su capacidad de comprender y dejar ir, sin poder explicarle a nadie que quería creer que todo lo sentido era real, pero sin saber cómo demonios  volver a sentirse una buena persona. Sus creaciones estaban rotas, y no quería crear más, porque estaba enfermo. No podía prometer proteger y amar a los que le importaban porque ni siquiera sentía que le importasen en un fuero interno. Algo que le parecía, por otra parte, incomprensible, agónico y por encima de todo desesperante. ¿Cómo mantener la fe en el ser humano así? Siempre había mantenido esa actitud de creer por encima de todo, de esforzarse en no dejar que las inclemencias de los desengaños de los sueños rotos, y de la miseria emocional que fluye a nuestro alrededor le hiciera perder esa perspectiva.
Porque ese joven sabe, que perdiendo eso, perdemos todo. Si él perdía eso, pequeñito y célula de universo que es, no podría colaborar de verdad, con un pequeño grano de arena, a conseguir que esa miseria desaparezca poco a poco. A sanar a la sociedad, a enseñar que el amor es mucho más importante que el odio. ¿Cómo, si todos los impulsos que tenía eran de odiar, de defenderse, de entrar en pánico? ¿cómo, si para poder sobrevivir un día más tenía que culpar a los demás?
El cuerpo, sin embargo, el ser interno verdadero de lo que poseemos, la verdadera esencia de la vida, no es ni un monstruo ni el enemigo. La vida, el universo, no es cruel. No nos hace nacer para después destruirnos sin motivo. Todo en esta vida, en este universo, tiene un propósito. Al final, las cosas, si las dejas, vuelven al cauce que deben.
El gran sufrimiento que ese joven experimentaba se debía a que ese amor que poseía, ya no tenía lugares por los que canalizarse, y sin embargo, ese joven se negaba a desprenderse de él. Ese joven nunca se desprendió de su luz, aunque esta, sin poder ser canalizada, fuera fuente de sufrimiento constante. Sin esa fe en el ser humano, ese sentimiento era contradictorio en sí mismo, y el cuerpo, su cuerpo, por una parte, lo rechazaba, y por otra, se negaba a desprenderse de él. ¿Cómo es esto posible?
Ese joven descubrió con el tiempo, por pura intuición e introspección, que ninguno de nosotros busca no dar amor, ni no recibirlo. Descubrió que el cerebro más elevado, nuestro neocortex, tiene la capacidad tanto de crear y realizar sus sueños, concibiéndolos de forma amable, como de tratar de revertir su crecimiento hacia arriba, y tratar de poseer las raíces que le sustentan, los cerebros inferiores.
Cuando hace eso, el neocortex, creador, se vuelve juez. Es entonces cuando las emociones dejan de fluir y es entonces, solo entonces, cuando enfermamos. Cuando tenemos miedo de que las creaciones de nuestro neocortex, de que el sentido de nuestra vida se vea amenazado, cometemos el peor error posible. Le damos permiso para  dominar a los cerebros inferiores.
Ese joven piensa, que no deberíamos caer en el error de pensar que esto es lo natural. Lo natural, para él, es estar sano, no enfermo. No hay que confundir, cree el, lo natural con lo normal. Lo normal es pura estadística y repetición, lo natural es hacia lo que realmente, de corazón, tiende todo. Es a lo que en su estado de reposo todas las cosas vuelven.
Es curioso, porque pensando mucho, ese joven se dio cuenta, de que ese comportamiento es precisamente lo que pasó en la Biblia, hace muchísimos años, de que el ser humano fue expulsado del paraíso por probar la fruta del bien y del mal. La fruta del árbol del conocimiento que le permitiría…
Juzgar.
La fruta de la dualidad que solo se percibe cuando la información que fluye en nuestro cerebro, cuando las emociones que poseemos, dejan de moverse a una velocidad natural, para entonces percibir ilusorias separaciones y diferencias. Es entonces y solo entonces cuando puede surgir el odio. Confundiendo esta capacidad con la del propio neocortex para ordenar información, cada vez necesita atarse más a sí mismo.
El pecado original de la humanidad, metafóricamente, fue revertir el crecimiento de neocortex de arriba, abajo. De la divinidad, a la tierra, y de ahí, al infierno, al sufrimiento. Saliendo del paraíso del gozo divino, para encontrarse con que debían esforzarse en conseguir sus sueños con el sudor de su frente. Todo, porque al neocortex se le olvidó…
Que él había surgido de los cerebros inferiores…
Y que si esa armonía y esa belleza existía… no se debía a que algo dominaba esos cerebros, sino que ellos, y todo lo que representan, son la base necesaria para la existencia de la misma.
Por lo tanto
El miedo
De que la vida no tenga sentido
De no dar amor
De no ser buena persona
De no valer la pena
De no merecer ser amados…
De no merecer todo lo que realmente queremos…
Está basado en algo, que por definición, es antinatural, y algo que por su propia naturaleza, acaba por desmoronarse.  
Y ese joven, acabó por darse cuenta de eso.
Por eso, ese joven ha tomado una determinación en su vida: jamás permitir que ninguna desgracia aparente le robe la sonrisa. Sabiendo el sentido que posée la fe en su existencia, comprendiendo al fin el sentido que posee el dolor que ha experimentado, sabiendo que el amor es la única verdad que subyace a todo.
Ahora ese joven comprende, al igual que lo hizo el personaje más importante para él, que la verdad última de este universo no es la justicia…
Siempre fue, y será, el amor.
Senex Telos murió horas después de comprender esto, comprendiendo que él era el Dios de su Propia Historia. Que aunque el destino de su familia fuera traer el Telos, el fin de ciclo que por fin traería la justicia al mundo, cambiar las propias hebras de la Creación para imponer la justicia como la base del universo, era el mayor error posible. Él murió en un sacrificio último que purgó sus pecados y le permitió encontrar la redención, sintiéndose dueño de sí mismo, y finalmente, encontrando la paz. Devolvió el mundo a su armonía. E irónicamente cumplió con su destino.
Ese joven no volverá a justificar ningún odio, ni ningún comportamiento que impida que nadie de su alrededor crezca. Será la base de aquellos que necesiten que lo sea, y será el apoyo de los que en un momento dado no necesiten una base, pero sí una mano amiga.
No se trata de que no seamos quien para juzgar a los demás, no necesitamos rebajarnos o quitarnos poder para no afectarnos unos a otros. Es que no sabemos lo grandes que podemos ser si dejamos de juzgar. Si perdemos el miedo de que las imágenes y deseos que nuestro neocortex no se puedan hacer realidad, y así, no tener que justificar ni el orgullo, ni el ego, ni el odio. Si lo natural vuelve a reinar en el mundo. Como siempre debió ser.
Porque al final, ese joven, ha dejado de tenerse miedo a sí mismo.
Porque al fin, vuelvo a sentirme orgulloso de mí mismo.
Porque me siento orgulloso de pertenecer a la raza humana.
Porque por fin me doy cuenta de que por encima de todo.
La vida merece la pena.
Porque siempre hay esperanza.
Has perdido, Belial.